A diez años de ‘Inception’: la extraña mirada de Nolan sobre la realidad sigue vigente

En sánscrito, hindi, urdu y punjabi la palabra “Cobb” se traduce literalmente como “sueño”. No es casual que Christopher Nolan, obsesionado con los detalles y los dobles discursos en cada uno de sus guiones, bautizara al personaje de Leonardo DiCaprio en la película Inception con el apellido. No solo como una mirada a las profundidades de un intrincado guion, sino también de la esencia misma de una película que depende en su mayor parte, de su capacidad para confundir, emocionar y desconcertar. 

A diez años de su estreno, la que se considera una de las obras cinematográficas de ciencia ficción más poderosas de los últimos años, se ha convertido en un enigma dentro de un enigma, y también en otro de los elementos que sustenta la visión de Nolan sobre el cine.

A mitad de camino entre un manifiesto filosófico y un singular recorrido por la naturaleza humana, Inception es la conclusión de varias ideas que habían obsesionado a su director antes o después y que en la película, encontraron una síntesis perfecta. Con su aire retrofuturista, sus efectos visuales desconcertantes, pero en especial un hilo emocional que atravesaba el complicado guion para conectar lo fantástico con algo más amargo, el film se hizo inmediato el símbolo de un nuevo tipo de propuesta, que sigue sorprendiendo a buena parte del público.

Un universo radiante y extraño

El argumento está plagado de mensajes enigmáticos que sostienen la fama de la película de ser un cuidado juego de espejos, que todavía no ha podido desentrañarse del todo. Si se toma la primera letra de los nombres de cada uno personajes principales — Dom, Robert, Eames, Arthur y Ariadne, Mal Cobb y Saito — se forma la palabra ‘Dreams’, un acróstico misterioso del cual parece sostenerse la idea que el film del Nolan, esconde en su tesitura algo más que lo que muestra a simple vista

Ese de hecho, ha sido el truco del director durante buena parte de su filmografia: ya en Memento (2000), los juegos de palabras y escenarios formaban parte esencial de la propuesta, basada en la memoria y en la distorsión de la realidad. Guy Pearce intentaba recuperar su pasado, mientras el mundo a su alrededor cambiaba y se reconfiguraba a medida que el tiempo transcurría en dos direcciones distintas. En Inception la idea llega a una nueva dimensión y se elabora a través de una serie de percepciones sobre el ser, el inconsciente y los diferentes estratos que sostienen la razón y el pensamiento humano, hasta llegar a algo más singular: la posibilidad que lo que nos rodea no sea otra cosa que una serie de capas superpuestas de información no resuelta.

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A diez años de ‘Inception’: la extraña mirada de Nolan sobre la realidad sigue vigente

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