“No olvidemos la lección del Titanic. Se hundieron todos los pasajeros, también los de los camarotes de primera”

Uno de los discursos siempre esperados del Papa Francisco es el que dirige al cuerpo diplomático, acreditado ante la Santa Sede. Es una oportunidad para analizar, desde la información que le facilita la Secretaria de Estado, y sus encuentros con los dignatarios la realidad global y, al mismo tiempo marcar los acentos de la diplomacia vaticana. Generalmente, no tienen desperdicio su palabras. Lo analizaremos, dada su extensión y riqueza en dos partes.

El discurso viene marcado desde el inicio por la persistencia de la pandemia. La constatación del Papa Francisco es muy certera: “En estos días vemos cómo la lucha contra la pandemia requiere aún un notable esfuerzo por parte de todos y cómo también el nuevo año se presenta desafiante. El coronavirus sigue creando aislamiento social y cosechando víctimas…Al mismo tiempo, hemos podido constatar que en los lugares donde se ha llevado adelante una campaña de vacunación eficaz, ha disminuido el riesgo de un avance grave de la enfermedad”.El Papa constata claramente dos realidades: la necesidad de seguir luchando contra el virus, porque crea aislamiento social y víctimas; y la posición de la Iglesia sobre la vacunas de una manera muy clara, una vacunación eficaz disminuye el riesgo de una avance grave de la enfermedad. Dos alegatos contra las alegrías de muchos gobiernos que han optado claramente por la economía y están descuidando la salud, a expensas del aislamiento social y las víctimas que se suceden cada día. ¿Hasta cuántas seremos capaces de tolerar socialmente? Parece increíble. El mensaje global desde muchas cancillerías es que tenemos que aprender convivir con el coronavirus, del mismo modo que la gripe. Cada día caen aviones de 30, 40 o 100 personas, sólo en nuestro país. ¿Qué pasaría si esto fuera verdad? La aviación se iría al carajo, y buscarían más soluciones. El que las vacunas salven vidas no es la única solución. El miedo a la economía atenaza a los gobernantes. Y, al final un mensaje contra los negacionistas. Las vacunas son necesarias. Si o si.




Y recuerda también, el Papa Francisco, el triple compromiso para llevar adelante este proceso de inmunización: personal, político y de la comunidad internacional. El argumento, a nivel personal es muy  claro y preciso: “Todos tenemos la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos y de nuestra salud, lo que se traduce también en el respeto por la salud de quien está cerca de nosotros. El cuidado de la salud constituye una obligación moral… Muchas veces nos dejamos influenciar por la ideología del momento, a menudo basada en noticias sin fundamento o en hechos poco documentados… Las vacunas no son instrumentos mágicos de curación, sino que representan ciertamente, junto con los tratamientos que se están desarrollando, la solución más razonable para la prevención de la enfermedad”.  El propio cuidado y nuestra responsabilidad con los demás tienen que ser el motor de nuestras decisiones en este campo, y aboga el Papa Francisco por la razonabilidad de la prevención de las vacunas. Cuando vivimos en sociedad no podemos olvidar que los derechos individuales tienen que compaginarse con los de los demás, sobre todo en el ámbito de la salud, y cuando hay vidas en juego. El Papa Francisco les envía otro mensaje a los negacionistas con mucha sutileza en estos tiempos difíciles, cuando cita las ideologías del momento, con noticias sin fundamento o hechos poco documentados.

En cuanto a la política, Francisco, insiste: “la política debe comprometerse a buscar el bien de la población por medio de decisiones de prevención e inmunización, que interpelen también a los ciudadanos para que puedan sentirse partícipes y responsables, por medio de una comunicación transparente de las problemáticas y de las medidas idóneas para afrontarlas”. La carencia de estas  medidas conlleva: “confusión, crea desconfianza y amenaza la cohesión social, alimentando nuevas tensiones. Se instaura un “relativismo social” que hiere la armonía y la unidad”Otro aviso importante para los gobiernos, que tiene que hilar muy fino en este tema tan delicado. Sobre todo, porque el hastío y el cansancio de la población se extiende de manera muy patente, porque no ven con claridad el rumbo que marcan los gobiernos o, más bien, sospechan del sin rumbo de los mismos muchas veces, sin transparencia y medias verdades.

Francisco se dirige  a la Comunidad internacional para que active de manera definitiva un : “un compromiso global de la comunidad internacional, para que toda la población mundial pueda acceder de la misma manera a los tratamientos médicos esenciales y a las vacunas”.  Y nos da una razón para insistir en este postulado: “Lamentablemente, se constata con dolor que, en extensas zonas del mundo, el acceso universal a la asistencia sanitaria sigue siendo un espejismo”. El Papa introduce algunos conceptos importante para que esta tarea sea eficaz y creíble: “reitero mi llamamiento para que los gobiernos y los entes privados implicados muestren sentido de responsabilidad, elaborando una respuesta coordinada a todos los niveles (local, nacional, regional y global), mediante nuevos modelos de solidaridad e instrumentos aptos para reforzar las capacidades de los países más necesitados”.

Muy interesante y sugerente lo de los nuevos modelos de solidaridad e instrumentos aptos para materializar ese llamamiento. Y añade más adelante en la misma línea, las condiciones para que eso pueda ser posible: “adopten una política de desinteresada ayuda mutua, como principio clave para que el acceso a instrumentos diagnósticos, vacunas y fármacos esté garantizado a todos” Y les recuerda  a “la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual adecuen sus propios instrumentos jurídicos, para que las reglas monopólicas no constituyan ulteriores obstáculos a la producción y a un acceso organizado y coherente a los tratamientos a nivel mundial”. Tema clave para la universalización de las vacunas y de los cuidados médicos sobre todo para los países más pobres y desfavorecidos. Esto temas que ha puesto sobre la mesa el Papa Francisco son clave, ya que si esto no es así lo tenemos claro. El ejemplo más patente es que hace apenas unas semanas nos despertábamos espantados de la nueva cepa “omicron”, nacida en Sudáfrica. Muchos países se aprestaron a cerrar fronteras con ese país y limítrofes. Poco poco nos ha invadido hasta porcentajes inimaginables en tan poco tiempo. Pero nos venden que es menos letal, aunque se extiende más rápidamente, pero siguen habiendo víctimas en relación con el alto porcentaje.

Cerrado el capítulo del Covid, continúa su discurso resumiendo sus experiencias de encuentros a lo largo del año con autoridades  civiles y religiosas, así como de sus viajes apostólicos. Centrándose finalmente en en el segundo viaje a Lesbos, lo que le permite reflexionar en torno al problema de los migrantes. Abre un segundo capítulo de su mensaje muy importante.

Comienza con una emotiva constatación afectiva y moral: “vi los rostros de muchos niños y adultos alojados en los centros de acogida. En sus ojos está el cansancio del viaje, el miedo a un futuro incierto, el dolor por los propios seres queridos que dejaron atrás y la nostalgia de la patria que se vieron obligados a abandonar”. ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante esta realidad? Nos lo dice claramente: “Ante estos rostros no podemos permanecer indiferentes ni quedarnos atrincherados detrás de muros y alambres espinados, con el pretexto de defender la seguridad o un estilo de vida”. Al buen entendedor pocas palabras le bastan. Unos tienen muros, alambres espinados, y policías armadas; y, otros concertinas y tanquetas.



Las concertinas en Ceuta y Meilla


Y a continuación, el Papa Francisco,  presenta varias denuncias: “Soy consciente de las dificultades que algunos estados encuentran frente a flujos ingentes de personas. A nadie se le puede pedir lo que no puede hacer, pero hay una clara diferencia entre acoger, aunque sea limitadamente, y rechazar totalmente. Es necesario vencer la indiferencia y rechazar la idea de que los migrantes sean un problema de los demás. El resultado de semejante planteamiento se ve en la deshumanización misma de los migrantes, concentrados en los centros de registro e identificación donde acaban siendo presa fácil de la delincuencia y de los traficantes de seres humanos, o por intentar desesperados planes de fuga que a veces culminan con la muerte. Lamentablemente, también es preciso destacar que los mismos migrantes a menudo son transformados en armas de coacción política, en una especie de “artículo de negociación”, que despoja a las personas de su dignidad”. Duras acusaciones a muchos países: rechazo total a los migrantes, indiferencia…lo que al final se pregunta es si consideramos a esas personas seres humanos “la deshumanización misma de los migrantes”. Desde estas políticas los convertimos en carne de cañón para las mafias de todo tipo e incluso como  “artículo de negociación” para la coacción política. Una denuncia de la insensibilidad que se se está instalando en nuestro mundo frente e ese fenómeno de la migración, gracias a las ideas de grupos políticos fundamentalmente de de ultraderecha.


Francisco, constructor de puentes

El Papa Francisco en esta línea expresa su deseo, particular de que “la Unión Europea encuentre su cohesión interna en la gestión de las migraciones, como la ha sabido encontrar para hacer frente a las consecuencias de la pandemia. Es necesario, en efecto, dar vida a un sistema coherente e integral de gestión de las políticas migratorias y de asilo, de modo que se compartan las responsabilidades en la recepción de migrantes, la revisión de las solicitudes de asilo, la redistribución e integración de cuantos puedan ser acogidos. La capacidad de negociar y encontrar soluciones compartidas es uno de los puntos de fuerza de la Unión Europea y constituye un modelo válido para afrontar con visión los retos globales que nos esperan”. Deberes bien claros para los gobernantes de nuestros países y de la Unión Europea. Probablemente los países fronterizos de Europa no hemos encontrado un camino de solución en la linea que alienta el Papa Francisco. La impresión es que la Unión Europea actúa a salto de mata, por eso aboga por un “sistema coherente e integral de gestión de las políticas migratorias y de asilo”. ¿Le harán caso? ¿Transmitirán los embajadores esos deseos del papa Francisco a sus gobiernos con fidelidad y contundencia?



Discurso del Papa al Cuerpo Diplomático


El Papa no quiere olvidar las otras migraciones a lo largo y ancho del Planeta: “Las migraciones, sin embargo, no conciernen sólo a Europa,…En estos años hemos asistido, entre otras cosas, al éxodo de los prófugos sirios, al que se han agregado en los últimos meses los que huyeron de Afganistán. Tampoco debemos olvidar los éxodos masivos que afectan al continente americano y que crean presión en la frontera entre México y Estados Unidos de América. Muchos de esos migrantes son haitianos que huyen de las tragedias que han golpeado su país en estos años”. Cada movimiento masivo de seres humanos en cualquier lugar del planeta no obedece al capricho, sino a circunstancias e imponderables, que les llevan a abandonar todo lo que tienen para buscar un futuro que ni tienen ni tendrán en su querida tierra. Me remito a la “Lauda to si”.

En esta parte del discurso, el Papa Francisco concluye con una afirmación que remacha sus postulados anteriores: “La cuestión migratoria, como también la pandemia y el cambio climático, muestran claramente que nadie se puede salvar por sí mismo, es decir, que los grandes desafíos de nuestro tiempo son todos globales”. Desde hace décadas la palabra global es de las más empleadas por parte de los políticas, pero cada vez existen menos políticas globales en cualquier ámbito. No olvidemos la lección del Titanic. Se hundieron todos lo pasajeros, también los de los camarotes de primera.



Discurso del Papa al Cuerpo Diplomático


Y frente a esto denuncia el Papa: “es preocupante constatar que, frente a una mayor interconexión de los problemas, vaya creciendo una mayor fragmentación de las soluciones. Con frecuencia se observa una falta de voluntad de querer abrir ventanas de diálogo y señales de fraternidad, y esto termina por alimentar más tensiones y divisiones, así como una sensación generalizada de incertidumbre e inestabilidad”. Esta constatación es letal, ya que la fragmentación interesada por falta de voluntad de diálogo nos están llevando a un mundo de tensiones, divisiones, incertidumbre e inestabilidad. Los medios de comunicación nos dan noticias diarias de este análisis. Cuando más medios tenemos para combatir las lacras globales, menos ganas parece que tenemos  de atajarlas. Esta generación seguramente no verá el fin de ninguna de ellas, porque se encuentra entretenida y ensimismadas de manera programada por los gobiernos de turno.

El Papa Francisco termina con un canto de cisne, que responde sinceramente a su ser más profundo : Es necesario, en cambio, recuperar el sentido de nuestra común identidad como única familia humana”.

Primero, Religión Digital

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“No olvidemos la lección del Titanic. Se hundieron todos los pasajeros, también los de los camarotes de primera”

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